









Es pleno verano en Cuba, pero el calor parece agobiar menos en los frescos jardines del Hotel Nacional de Cuba, emblema de La Habana, sede de los famosos y bohemios festivales de cine que reunieron en sus galerías y salones, a las visitas más ilustres del ámbito del arte y la literatura. Allí donde dicen suele escaparse Fidel Castro (73) para observar las tormentas y el mar desde la estratégica altura. Los recuerdos se agolpan con la fuerza de tanto afecto dado y recibido y Susú Pecoraro respira profundo para comenzar a hablar de ese romance que la mantiene enamorada de Cuba. Ahora se ha vuelto muy popular por “Anita”, su papel más reciente en “Mujeres de nadie”, la novela de Pol-Ka que transmiten en TV cubana, y que en nuestro país le valió un Martín Fierro como mejor actriz. La gente la detiene en la calle y todos le piden una foto, pero en la isla no hay quien no la recuerde por “Camila”, la película que la consagró y hace 26 años la llevó a desembarcar allí, para robarse el corazón del pueblo cubano. El filme dirigido por María Luisa Bemberg venía de ser un suceso en Europa y en los Estados Unidos, donde estuvo nominado al Oscar como mejor película extranjera, y fue entonces, en 1984, cuando Susú conoció por primera vez La Habana. Se llevó el premio Coral a la mejor actriz, pero además, comenzó la historia de un amor tan correspondido como vigente. No sólo como jurado del mítico festival de cine latinoamericano, sino también para filmar allí mismo su amada “Historias clandestinas en La Habana”, junto a su gran amigo Jorge Perugorría.
“Venía de otros países, en medio de la vorágine que generó “Camila”, pero cuando llegué a Cuba sentí algo especial. Me enamoraron sus colores, el viento cálido, sus aromas, su gente. Fue emocionante porque en aquel momento, el festival de La Habana congregaba a personalidades como Harry Belafonte. Mercedes Sosa, el maestro Mario Benedetti, y el hotel se llenaba de artistas, de música. Eran tiempos de una movida cultural muy fuerte.
También conocí a Pablo Milanés, un amigo del alma”, cuenta la actriz, quien vivió en esa primera visita un cálido encuentro con el padre de Ernesto “Che” Guevara, don Ernesto Guevara Lynch, y con Gabriel García Márquez Fue el Premio Nobel de Literatura quien se animó a llamarla simplemente “Camila” y le contó que había visto su película junto a Fidel y que él quería conocerla
Efectivamente, el llamado llegó y Susú fue invitada al despacho de Castro Fueron tres horas de una charla inolvidable, extensa, en la que se habló tanto de cine, como de otras grandes preocupaciones del líder Cubano “Lo primero que me dijo Fidel fue que mi personaje era el de una mujer valiente y que también lo había sido la directora de la película, por mostrar una historia así, en pleno inicio de la democracia en la Argentina Para él, nuestro país se abría al mundo y así lo sentían los cubanos Me decía: Camila es revolucionaria y denunciante Yo siento que te miro en la película y puedo conocerte Tu muestras el alma Y me lo decía mirándome a los ojos También me contó sobre el reciente huracán que había afectado a la isla y de cómo se las habían arreglado En su oficina, con el mar de fondo, yo lo veía como un hombre épico, capaz de comprender todo, un gran curioso y un visionario Todo en él son hechos Creo que jamás voy a conocer a un hombre como Fidel Yo trataba de retener todo lo que me decía y me quedaba hipnotizada por el movimientos de sus manos”, dice Susú conmovida, y a la vez, con el pudor que origina una modestia que nunca antes le permitió contar estas anécdotas.
Fuente: Caras.com